
Lleva tres años en una cárcel española, nació en Georgia, es accionista de la empresa petrolera rusa Lukoil -que intenta comprar Repsol- y se llama Zahkar Knyazevich Kalashov. El fiscal solicita para él una pena de 12 años de prisión por blanquear dinero en España. Además, su último abogado, Alfonso Díaz Moñux, fue asesinado el pasado 19 de diciembre por unos sicarios de la droga. Pero la novela negra de Kalashov no acaba ahí. EL MUNDO ha podido saber que la Fiscalía Anticorrupción tenía un testigo protegido, ya fallecido, que declaró en julio de 2008 contra Kalashov, y dijo que el georgiano solicitó su ayuda en 2007, cuando ambos estaban en prisión, para lavar 300 millones de euros.
Pero lo más sorprendente de toda esta rocambolesca historia es que el testigo protegido que declaró contra Kalashov, que tenía el nombre en clave de Tepro 1, era el abogado y narcotraficante Pablo Vioque. Cuando fue reclamado por el accionista de Lukoil se encontraba en la cárcel cumpliendo una pena de 18 años por narcotráfico, lavado de dinero y por intentar asesinar al entonces fiscal antidroga Javier Zaragoza.
Vioque, que llegó a ser secretario de la Cámara de Comercio de Villagarcía de Arosa (Pontevedra), estaba enfermo de cáncer, en fase terminal, y por ese motivo consiguió del Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria permiso para abandonar la cárcel a finales de abril de 2007. Murió así en su casa, en diciembre de 2008, junto a los suyos, sus hijos Pablo y María.
El nudo de esta novela negra cuyos principales protagonistas son el propio Kalashov, Vioque, los agentes de la Udyco (Unidad contra la Droga y el Crimen Organizado) que captaron al narcotraficante y la Fiscalía Anticorrupción se convierte en algo imposible de desentrañar cuando al final de ella, casi en el desenlace, intervienen los hijos del ex secretario de la Cámara de Comercio de Villagarcía y declaran que no se creen que su padre fuera testigo protegido.
El testimonio de Pablo y María Vioque se produjo el pasado día 25 de enero en la Audiencia Nacional: "La relación con nuestro padre era muy íntima [...], nos lo contaba todo [...], sabía que se moría y no quería dejarnos problemas. Jamás nos habló de que fuera a comparecer en un proceso como testigo protegido, ni como nada".
Los hijos de Vioque testificaron así 12 días después del fallecimiento del cabeza de familia a consecuencia de un cáncer. Pablo y María llegan a decir que su padre "nunca mencionó que compañeros suyos [en la declaración del testigo protegido y de los hijos figuran los nombres de tres amigos de Vioque que presuntamente fueron intermediarios en la operación] le hubiesen hablado de blanqueo de dinero del tal Kalashov, ni nada parecido".
Pablo y María Vioque van aún más lejos cuando dicen: "Es imposible que nuestro padre hubiera hecho esa declaración el 8 de julio de 2008, y si la hizo tuvo que ser porque se sentía intimidado por algo o alguien [...] Nuestro padre no era una persona que se prestara a este tipo de cosas, menos aún siendo abogado". Sin embargo, los hijos de Pablo Vioque sí reconocen en su declaración que en los últimos días de su padre, cuando ya estaba en casa esperando el desenlace final, se acercaron hasta su residencia dos agentes de la Udyco.
Los hijos de Vioque dicen que cuando su padre declaró debía estar intimidado
Pablo Vioque, según la documentación que obra en la causa contra Kalashov a la que ha tenido acceso este periódico, fue captado por la Policía en junio de 2008, cuando ya estaba en su casa en fase terminal. El narcotraficante salió de prisión por enfermedad grave en abril de 2007.
La Fiscalía Anticorrupción solicitó la declaración de Pablo Vioque el 3 julio de 2008 y, cinco días después, el narcotraficante prestó testimonio ante el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu: "En abril de 2007 una persona que no es española me ofreció que trasladara 300 millones de euros de Kalashov a un paraíso fiscal [...]. Me ofrecieron el 10% de esa cantidad para mí y el 2% para la persona que me hizo la oferta".
Vioque también señaló que "en las conversaciones que tuvimos [se refiere a los contactos que mantuvo con el supuesto intermediario de Kalashov] me dijo que el dinero procedía de actividades ilegales y que por eso cobraban buenas comisiones [...]. Esa información me fue confirmada después por otras personas que habían efectuado una operación de blanqueo para Kalashov de 20 millones de euros [...] que ingresaron en unas cuentas corrientes de Gibraltar".
Pablo Vioque ha fallecido y difícilmente podrá ratificar su declaración cuando llegue la vista oral contra Zahkar Knyazevich Kalashov. El desenlace de la novela, repleta de ingredientes extras procesales, aún está por ver y escribir.
Alberto Saiz, director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), reconoció el martes en la Comisión de Secretos Oficiales del Congreso que sus agentes ya están detrás de los rusos, del blanqueo de dinero y de la entrada de Lukoil en Repsol.
Pero lo más sorprendente de toda esta rocambolesca historia es que el testigo protegido que declaró contra Kalashov, que tenía el nombre en clave de Tepro 1, era el abogado y narcotraficante Pablo Vioque. Cuando fue reclamado por el accionista de Lukoil se encontraba en la cárcel cumpliendo una pena de 18 años por narcotráfico, lavado de dinero y por intentar asesinar al entonces fiscal antidroga Javier Zaragoza.
Vioque, que llegó a ser secretario de la Cámara de Comercio de Villagarcía de Arosa (Pontevedra), estaba enfermo de cáncer, en fase terminal, y por ese motivo consiguió del Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria permiso para abandonar la cárcel a finales de abril de 2007. Murió así en su casa, en diciembre de 2008, junto a los suyos, sus hijos Pablo y María.
El nudo de esta novela negra cuyos principales protagonistas son el propio Kalashov, Vioque, los agentes de la Udyco (Unidad contra la Droga y el Crimen Organizado) que captaron al narcotraficante y la Fiscalía Anticorrupción se convierte en algo imposible de desentrañar cuando al final de ella, casi en el desenlace, intervienen los hijos del ex secretario de la Cámara de Comercio de Villagarcía y declaran que no se creen que su padre fuera testigo protegido.
El testimonio de Pablo y María Vioque se produjo el pasado día 25 de enero en la Audiencia Nacional: "La relación con nuestro padre era muy íntima [...], nos lo contaba todo [...], sabía que se moría y no quería dejarnos problemas. Jamás nos habló de que fuera a comparecer en un proceso como testigo protegido, ni como nada".
Los hijos de Vioque testificaron así 12 días después del fallecimiento del cabeza de familia a consecuencia de un cáncer. Pablo y María llegan a decir que su padre "nunca mencionó que compañeros suyos [en la declaración del testigo protegido y de los hijos figuran los nombres de tres amigos de Vioque que presuntamente fueron intermediarios en la operación] le hubiesen hablado de blanqueo de dinero del tal Kalashov, ni nada parecido".
Pablo y María Vioque van aún más lejos cuando dicen: "Es imposible que nuestro padre hubiera hecho esa declaración el 8 de julio de 2008, y si la hizo tuvo que ser porque se sentía intimidado por algo o alguien [...] Nuestro padre no era una persona que se prestara a este tipo de cosas, menos aún siendo abogado". Sin embargo, los hijos de Pablo Vioque sí reconocen en su declaración que en los últimos días de su padre, cuando ya estaba en casa esperando el desenlace final, se acercaron hasta su residencia dos agentes de la Udyco.
Los hijos de Vioque dicen que cuando su padre declaró debía estar intimidado
Pablo Vioque, según la documentación que obra en la causa contra Kalashov a la que ha tenido acceso este periódico, fue captado por la Policía en junio de 2008, cuando ya estaba en su casa en fase terminal. El narcotraficante salió de prisión por enfermedad grave en abril de 2007.
La Fiscalía Anticorrupción solicitó la declaración de Pablo Vioque el 3 julio de 2008 y, cinco días después, el narcotraficante prestó testimonio ante el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu: "En abril de 2007 una persona que no es española me ofreció que trasladara 300 millones de euros de Kalashov a un paraíso fiscal [...]. Me ofrecieron el 10% de esa cantidad para mí y el 2% para la persona que me hizo la oferta".
Vioque también señaló que "en las conversaciones que tuvimos [se refiere a los contactos que mantuvo con el supuesto intermediario de Kalashov] me dijo que el dinero procedía de actividades ilegales y que por eso cobraban buenas comisiones [...]. Esa información me fue confirmada después por otras personas que habían efectuado una operación de blanqueo para Kalashov de 20 millones de euros [...] que ingresaron en unas cuentas corrientes de Gibraltar".
Pablo Vioque ha fallecido y difícilmente podrá ratificar su declaración cuando llegue la vista oral contra Zahkar Knyazevich Kalashov. El desenlace de la novela, repleta de ingredientes extras procesales, aún está por ver y escribir.
Alberto Saiz, director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), reconoció el martes en la Comisión de Secretos Oficiales del Congreso que sus agentes ya están detrás de los rusos, del blanqueo de dinero y de la entrada de Lukoil en Repsol.

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